NOT-0010

Conferencia del Dr. Adolfo Ahumada
Consultor Jurídico del Ministro de Relaciones Exteriores
en el 30 Aniversario de la Firma de los Tratados Torrijos - Carter
 

Aunque hoy, siete de septiembre, es día de gran celebración, me parece conveniente abordar un tema que nunca deja de estar en el orden del día. Se trata de lo que pudiera denominarse “los mitos sobre los Tratados Torrijos-Carter”, que constituyen afirmaciones, conceptos y criterios, los cuales han insistido siempre en abrirse paso en la conciencia nacional.

Uno de esos mitos es el que se refiere, precisamente, al significado y la importancia de las fechas vinculadas al tema canalero y a las reclamaciones planteadas por Panamá desde principios del siglo XX. El mito consiste en sostenerse que lo importante no es el siete de septiembre, realmente, sino el 31 de diciembre de 199, en virtud de que ese día Panamá tuvo acceso a la administración directa del canal.

Al respecto, debe observarse que el mito carece de sustento. Por una parte, es claro que el 31 de diciembre de 1999, que constituye una fecha de mucho significado histórico, precisamente, porque cambia la naturaleza del uso y la administración del activo más importante del país, proviene del 7 de septiembre de 19778. Es el tratado del canal el que señala y acoge la fecha del 31 de diciembre de 1999, como fecha de su propia terminación, es decir de su eliminación por su propia mano, del cierre de las instalaciones militares y del inicio de la administración panameña del canal. Otra cosa hubiese sido y el panorama -.- obviamente fuera distinto - si entre Panamá y los Estados Unidos se hubiese celebrado algún tipo de convenio o tratado por virtud del cual se fijaba una fecha para la transferencia de la administración de la vía interoceánica. La fecha, no obstante, es creación del propio tratado. Esta fecha, la del 31 de diciembre, hubiera adquirido mayor preponderancia aun si hubiese hecho carrera la idea de que, a esa fecha, debía desplomarse todo el sistema de una sola vez. De esa manera, Panamá hubiera esperado los veintitrés o veinticuatro años, a fin de que, en un solo y único momento, todo el sistemas establecido en el país, incluyendo el territorio denominado zona del canal, desapareciera. La idea fue examinada por cierto tiempo dentro del seno del grupo negociador, pero finalmente resultó descartada. El resultado fue que se concretó un tratado más bien dinámico, que no produjera efectos en un solo momento decisivo, sino que estuviera compuesto – tal como ocurrió - de distintos momentos, como una especie de tracto sucesivo, según se dice en la jerga jurídica, y que incorporaba fechas cada cierto tiempo, para que se produjera algún acontecimiento, hasta llegar al punto final.

Pienso que la confusión o el mito sobre la preponderancia de una fecha sobre la otra puede originarse en la circunstancia de que, según cada cual lo mire, la fecha de culminación y cierre no necesariamente tiene que contener un valor superior a la fecha de inicio. En los calendarios patrióticos y en la evolución histórica de los pueblos, generalmente, a la hora de clasificarlos para su mejor entendimiento y con fines pedagógicos, el final es el clímax, allí se concentra toda la fuerza del espíritu colectivo. En este sentido, resulta explicable que, por ser la última de las fechas, el 31 de diciembre adquiera, los ojos de algunos o de muchos, un significado mayor que el 7 de septiembre de 1977 o, para referirnos en términos más prácticos, el 1 de octubre de 1979, que fue cuando comenzaron a regir los tratados. Lo paradójico, lo que pudiera ser un punto de discusión en términos del ejercicio sobre el impacto de las fechas--un poco parecido a la vieja discusión sobre la trascendencia del 3 de noviembre de 1903 en relación con el 28 de noviembre de 1821—es que hubo un acontecimiento anterior al 31 de diciembre de 1999, acontecimiento derivado del 7 de septiembre de 1977 y que fue la desaparición de la zona del canal. Hay quienes otorgan a este hecho histórico mucho más valor, por así decirlo, que al propio 31 de diciembre de 1999. Me perdonan si en cierta forma me repito, pero lo cierto es que, de todo el complejo establecido en Panamá desde principios de las República, la Zona del Carnal adquiría un significado más lacerante y se convirtió, desde el primer momento, en un factor de conflicto permanente entre Panamá y los Estados Unidos. Por eso puede sostenerse que, en el caso del Tratado del canal la lógica se aplicó al revés, porque en el escenario, quizás lo que debió haber sido el final, en un enfoque en el que prevalezca el drama, y que fue la eliminación de la zona del canal, ocurrió de primero, porque allí radicaba la principal contradicción entre los dos países y la principal aspiración de Panamá.

Ya todo esto se has explicado. Permítanme únicamente recordar que, como parte fundamental del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, se establece un territorio de diez millas de ancho a cada lado del canal, o sea mil cuatrocientos 52 kilómetros cuadrados, en el que los Estados Unidos fueron autorizados a ejercer poder como si fueran soberanos. Este lenguaje les permitió a grandes juristas panameños del siglo XX señalar que la frase “como si fuesen soberanos “indicaba que no lo eran, y allí Panamá tenía un margen de acción., de modo que las funciones ejercidas por los Estados Unidos quedaran limitadas a aquellas exclusivamente necesarias para manejar el canal. Sin embargo, en ese territorio se estableció un altísimo grado de independencia, en al cual se ejercían funciones hasta de carácter jurisdiccional, que excluían tales funciones del ejercicio de la República de Panamá. Una gran discusión que todavía no se ha realizado, y quizás convendría llevarla a cabo, aunque sea en plan académico entre panameños y norteamericanos es si, en efecto o, la zona del canal era absolutamente indispensable para que Estados Unidos pudiera manejar el canal o pudiera protegerlo. Es decir, si el tema del funcionamiento continúo del canal o su seguridad podían cumplirse sin necesidad de que existiera la zona del canal. Desde luego, si lo enfocamos con la perspectiva de hoy, la respuesta nos puede resultar fácil, en el sentido de que ya los Estados Unidos, desde el 1 de octubre de 1979 y Panamá, desde el 31 de diciembre de 199, han podido manejar el canal sin necesidad de que exista la zona del canal. Sin embargo, quizás podrían haberse necesitado, de todas maneras, algún mecanismo de prevención, a fin de evitar distorsiones en el manejo de la vía. Quizás más adelante podremos acercarnos un poco más al tema, pero digamos por ahora que, no con el enfoque del presente, sino a la luz de fines del siglo XIX y principios del XX, quizás un norteamericano nos hubiera respondido que la sociedad panameña era demasiado frágil, que la tradición nacional consistía en dirimir los conflictos políticos por la fuerza, a base del uso de las armas, que la inestabilidad era la característica principal del sistema , que la convivencia era precaria y que la frase del himno nacional , en el sentido de que la victoria se había alcanzado en el campo feliz de la unión, podía simbolizar un propósito transitorio, pero que , a la larga en Panamá las luchas políticas seguirían el rumbo de la confrontación a punta de pistola y escopeta.

O sea, posiblemente esa duda sobre la capacidad de Panamá de manejarse a sí misma con un mínimo de estabilidad, condujo al establecimiento de una verdadera colonia en el territorio nacional. Por qué el problema adquirió tan graves caracteres? Porque se produjo una contradicción sin solución entre la existencia de Panamá y la existencia de la Zona del Canal. Es decir, más que el canal propiamente dicho – aunque ese fue el origen de todo- y seguramente más allá de las instalaciones militares, lo que contribuía a la negación de la condición soberana del país era la zona del canal. En ese territorio funcionaba un gobernador, así como había gobernador en los Estados que formaban la Unión Norteamericana. Ya se sabe que todo el sistema legal era el que dictaban los funcionarios norteamericanos y, en última instancia, el Presidente de los Estados Unidos y el Congreso de ese país. Se ejercían igualmente funciones jurisdiccionales, con tribunales de justicia y con un cuerpo de Policía, para hacer cumplir las leyes y los reglamentos respectivos, independientemente de si los transgresores eran ciudadanos norteamericanos y panameños. En Panamá había una especie de temor reverencial frente a esas áreas. Ningún panameño se atrevía allí casi ni a levantar la voz, como si fueras un mundo aparte y, en cierta forma, era un mundo aparte.

El sistema tenía sus complejidades, creo que más bien fundadas en un exagerado sentido de autoprotección por parte de las autoridades de los Estados Unidos, más quizás las de aquí, que las del gobierno central. Hubo algunas discusiones que, a la luz de hoy, parecen impensables. Por ejemplo, los cónsules extranjeros acreditados ante el gobierno de la República de Panamá, necesitaban ninguna autorización adicional o ningún reconocimiento o exequátur para poder ejercer sus funciones en el territorio denominado zona del canal. Era clara la razón: la zona del canal era parte del territorio de la República de Panamá, aunque sometido a limitaciones jurisdiccionales. Sin embargo, a inicios de 1921 se cambió el concepto y el Departamento de Estado de los Estados Unidos remitió circular a los Embajadores y Diplomáticos extranjeros acreditados en Panamá, en el sentido contrario, es decir, que los cónsules necesitaban, además del reconocimiento de Panamá, un reconocimiento especial emitido por el Presidente de los Estados Unidos. El punto dio lugar a una larga controversias que, finalmente fue resuelta a favor del criterio de Panamá, pero no sin antes introducir un factor de tensión en las relaciones canaleras.

Ostro de los problemas que dio lugar a constantes reclamaciones fue el de la circulación vehicular por la zona del canal. Para manejar vehículos allí, aun cuando el paso fuera obligatorio por razón de sus actividades u oficios, lasa personas interesadas tenían que inscribirse en los registros de la Gobernación de la Zona del Canal y, además obtener una licencia de conducir, además de la expedida por las autoridades de tránsito de la República de Panamá. Había que pagar un dólar, que en esa época no era poco, para poder obtener y renovar la licencia, cada tres años. Tal como ocurrió con los cónsules, el problema debió someterse a largas negociaciones entre los dos países.

El problema de los hoteles también derivaba de la existencia de la zona del canal como un país dentro de otro. En el lado Pacífico de la zona del canal, es decir, en la ciudad de Panamá, funcionaba el Hotel Tívoli y en el lado Atlántico, el Hotel Washington. El artículo III del Tratado de 1936, negociado bajo la administración del Dr. Harmodio Arias, señaló con toda claridad que no podían residir en la zona del canal las personas que no estaban incluidas en la clasificación allí establecida, vinculadas a las actividades que se llevaban a cabo en el sector. Sin embargo, surgió posteriormente otro problema, ya que Estados Unidos manifestó que esta prohibición no era aplicable a los huéspedes de los hoteles del gobierno de los Estados Unidos en la Zona del Canal Al mismo tiempo, Estados Unidos expresó que los hoteles se habían construido para atender las necesidades del tráfico de pasajeros en época en que los hoteles que operaban en Panamá no estaban capacitados para ello. Desde luego, el hospedaje en el Tívoli y en el Washington no era gratis, por lo cual los empresarios panameños consideraban que se estaba produciendo una competencia para con sus actividades. Aun que hubo el compromiso de cesar la situación unas vez la situación cambiar satisfactoriamente, esta condición no se consideraba satisfecha , hasta el 17 de septiembre de 1950 , cuando el Gobernador de las Zona del Canal anunció que había llegado el momento de que Panamá iba a contar con un hotel suficientemente satisfactorio. , de modo que cuando este entrara en funciones, se cerraría el Hotel Tívoli. Se refería al Hotel El Panamá, cuya inversión en 1950 fue de seis millones de dólares. Estas mismas controversias se suscitaban por las existencia de empresas de taxis que operaban en la zona del canal, los fletes marítimos las salas de cine y otras actividades que se consideraban innecesarias, ya que estas podían ser provistas por la economía nacional. Sin embargo, quizás lo más llamativo fue el requerimiento -- exigencia la llamaron algunos historiadores — de Estados Unidos de que Panamá eliminara la Lotería Nacional de Beneficencia. Esta exigencia se produjo el 29 de diciembre de 1921.

Visto el problema de la existencia de la Zona y todos los conflictos que generaba en las relaciones canaleras y, en general, en las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, se convirtió en el principal tema de enfoque para su solución y su superación definitiva. No había manera de cumplir un proceso exitoso de negociaciones si este tema de la zona del canal no se resolvía de modo integral y de una sola vez. Ya hemos señalado en otras ocasiones que, en patriada de los temas que giraban alrededor el canal, este era el más espinoso, dado que incorporaba elementos contrarios a la existencia de la soberanía nacional. Si se escudriña un poco en la naturaleza de las materias gruesas de la negociación, se llegará a la conclusión de que aquella que estaba más ligada a la negación del Estado Panameño era precisamente la zona del canal. En un ejercicio mental puramente especulativo, podría preguntarse, en efecto, que habría sucedido si, en lugar de mantenerse la Zona del Canal intacta, los Estados Unidos hubieran decidido limitarla, recortarla o suprimirla, a fin de permitir el libre ejercicio de la jurisdicción por parte de Panamá, aun cuando los Estados Unidos conservaran el manejo del canal y las bases militares. Quizás, en esas circunstancias que no se produjeron sino, en cierta forma, después de la entrada en vigencia de los Tratados del Canal, los acontecimientos habrían adquirido otro carácter. La zona del canal unificaba a toda la Nación panameña, porque no se trataba de una empresa como el canal, aunque tuviera carácter simbólico aquí y hasta en el resto de América Latina. Tampoco se trataba de instalaciones militares, porque esa experiencia la tuvo, por ejemplo, España, y a nadie, creo yo, se le ocurrió indicar que estaba en juego, por es hecho, la soberanía española. O sea, que podrían quizás haber convivido soberanía, con bases o soberanía con canal, como, en efecto, ocurrió en Panamá desde 1979 hasta el 31 de diciembre de 1999. Todo ello, como digo pertenece al campo de la especulación, porque la realidad fue que la zona del canal se estableció, no fue recortada y siguió existiendo, a pesar de que, por el desarrollo de la sociedad panameña en distintos aspectos, era difícil sostener que había o quedaba fragilidad a tal grado como para producir temor de que el canal no pudiera manejarse con estabilidad y con seguridad.

Lo que reitero hoy es que, en el plano de la negociación, y por razón de su gran impacto en las vida nacional y en la existencia de la República de Panamá, aparte de su torrente emocional, la zona la desaparición de la zona del canal se convirtió en el objetivo inmediato de la negociación, tan inmediato que si no hubiese desaparecido, no se habrías concretado el tratado. Esa era una instrucción precisa de la negociación, que yo escuché bastante por parte del Negociador principal, que era Omar Torrijos, y quien, quizás por este convencimiento, al preguntarle, en marzo de 1981, el periodista español Joaquín Soler Serrano: General Torrijos, dígame qué significa el tratado que usted logró obtener?, contestó lo siguiente: “significa exactamente la incorporación de 1440 kilómetros cuadrado a la soberanía nacional. Significa la presencia de nuestra bandera. Significa la abolición de un sistema discriminatorio. Significa la no presencia de una policía extranjera. Significa el fin de la quinta frontera, un enclave que partía el país en dos”.

Qué quiero decir con todo esto? Pues, que la falta de estatura histórica del 7 de septiembre de 1977, en relación con el 31 de diciembre de 1999, es un mito, porque fue en esa fecha en la que se estableció la otra y porque allí fue cuando se consagró la eliminación de la zona del canal.

Veamos otro mito: que el tratado concerniente a la Neutralidad Permanente del Canal y el Funcionamiento del Canal de Panamá, comúnmente conocido como el tratado de neutralidad autoriza a los Estados Unidos a intervenir en territorio de Panamá cuando lo estimen conveniente y que ese tratado, en buenas cuentas, es una traición a los intereses de Panamá y que demuestra que los que lo firmaron y los que lo negociaron no son patriotas.

Creo que, a lo largo de todos estos años desde el 7 de septiembre de 1977, se han producido algunos estudios que, por haber permitido que prevaliera la inclinación política o la falta de simpatía hacia Omar Torrijos, el proceso que liderizó o sus colaboradores o todo junto, ha perdido el grado de objetividad y rigor profesional que se requiere para examinar este tema. En el proceso mental que preside estas inclinaciones y puntos de vista, siempre debe encontrarse alguna rama de la que asirse, alguna tabla de salvación ideológica, algún recodo del camino. Lo importante es no dejarse vencer frente a la realidad de los hechos, porque hay razones superiores – en este caso, las de tipo político —q ue impulsan la actuación .Así ocurrió , por ejemplo, el año pasado durante las discusiones sobre el referéndum para el tercer juego de esclusas. Alguien, con mucha sinceridad y espontaneidad, a falta d argumentos sólidos para sustentar su oposición al proyecto de ampliación, sencillamente dijo que había que votar en contra porque los funcionarios del canal eran altaneros y había que darles una lección.

En el caso de los tratados Torrijos-Carter, la rama es el tratado de neutralidad y, específicamente, algunas disposiciones complementarias.

Todo gira alrededor de la propuesta del Senador Dennos de Concini, según la cual Panamá o Estados Unidos, de conformidad con sus procedimientos constitucionales podrán actuar en caso del cierre del canal de Panamá, para efectos de reabriera el canal o para reanudar sus operaciones. Desde luego, debemos recordar que esta propuesta, incorporada como reserva en el tratado durante el proceso de ratificación causó un gran impacto. Si hubiese subsistido sin aclaración, interpretación o modificación alguna, de seguro que habría dado por resultado el fracaso absoluto de la negociación. Esas fue la razón de que se produjeran posteriormente algunos documentos que reflejaba la verdadera voluntad de las partes. La Enmienda Church o Enmienda de Liderazgo señaló lo siguiente: “De conformidad con su adhesión al principio de no intervención, toda acción emprendida por los Estados Unidos de América en ejercicio de sus derechos paras asegurar que el canal de Panamá permanezca abierto, neutral , seguro y accesible de acuerdo con las estipulaciones del Tratado del Canal y el funcionamiento del canal de Panamá y las resoluciones de ratificación referente a los mismos, tendrá como único propósito el garantizar que el canal permanezca abierto, neutral, seguro y accesible y no tendrá como su propósito , ni será interpretada como un derecho de intervenir en los asuntos internos de la República de Panamá o interferir en su independencia política o en la integridad de su soberanía “

Por eso es que el Dr. Carlos Alfredo López Guevara, de modo contundente y sin vacilaciones, lo expresó de la siguiente manera:

“La Enmienda intervencionista de de Concini fue neutralizada por la Enmienda Church”, indicando además que el derecho de intervención no existe y que está proscrito por las Carta de las Naciones Unidas ys de la Organización de Estados Americanos.

El 18 de abril de 1978, el Presidente Jimmy Carter le remitió una carta al General Omar Torrijos, cuya parte medular dice así, en referencia a la Enmienda Church: “Con su acción de hoy, el Senado ha reafirmado lo que era medular en los tratados desde el principio: que los Estados Unidos, mientras salvaguardan su interés en un canal seguro, abierto y accesible, no pretende intervenir en los asuntos internos de Panamá, su Gobierno su política públicas o su integridad cultural, ni de ningunas manera menoscabar su integridad soberana ni su independencia política”.

Por otra parte, resulta evidente que el Tratado de Neutralidad no le confiere a los Estados Unidos ningún derecho de intervención, en cuanto que, al referirse al uso de sus mecanismos constitucionales por separado, está señalando que, en efecto, ni Panamá puede intervenir en el procedimiento que decida utilizar legalmente a lo interno de su país para acudir en caso de emergencia, ni los Estados Unidos pueden hacer lo propio en relación con el procedimiento que establezca Panamá. Pero lo cierto es que, en ningún caso pueden actuar de modo unilateral, dado que no hay enmienda, ni reserva ni condición en los tratados del canal que desconozca la soberanía de la República de Panamá. Eso significa que cualquier acción que, en caso de emergencia pueda emprender el gobierno de los Estados Unidos, deberá realizarla siempre en coordinación con el soberano territorial, que es Panamá. De esa manera, igualmente, se expresó el Presidente Carter, en una interpretación indubitable del alcance del tratado de neutralidad, el 31 de diciembre de 1999 a las orillas del canal, cuando se produjo el acto de la reversión: que cualquier acción tendría que ser conjunta, no contra Panamá, sino con Panamá. De ese modo, no queda dudas de que los alcances del tratado de neutralidad no llegan hasta la superposición de un poder sobre otro, ni a la actuación de unas fuerzas armadas sobre el territorio nacional. En la invasión de diciembre de 1989, los Estados Unidos no invocaron ningún tratado de neutralidad, sino señalaron que se guindaban en la legítima defensa, dado que Panamá les había declarado la guerra.

También interpreta las normas el Jefe Negociador del equipo de Panamá, Rómulo Escobar Betancourt. . En la comparecencia que tuvimos el 9 de agosto de 1977 ante la Asamblea de Representantes de Corregimientos, con el fin de explicar los acuerdos as que se había llegado entre los dos países, el Dr. Escobar Betancourt , con el estilo directo y sincero que lo caracterizaba, lleno , además de un gran sentido lógico y hasta gráfico, indicó lo siguiente: “ en cuanto al pacto de neutralidad, los Estados Unidos nos planteaba a nosotros que si Panamá estaba en desacuerdo con que el canal fuera neutral. Nosotros les dijimos que estábamos completamente de acuerdo con ellos. La diferencia se producía en lo que ellos entendían por neutralidad y lo que nosotros entendíamos por neutralidad. Ellos planteaban que Panamá y los Estados Unidos declararan que el canal era neutral y declararan que Estados Unidos garantizaba esa neutralidad. Panamá se opuso a ese concepto explicando que no queríamos que bajo el pretexto de la neutralidad los Estados Unidos de América mantuviese una garantía sobre el Estado de Panamá. Ese fue otro motivo de discusión que mantuvo las negociaciones detenidas hasta que los Estados Unidos desistió que ellos tuvieran una garantía de neutralidad sobre el canal. Ostro de los puntos que presentaron era que Panamá se obligara a mantener el canal neutral permanentemente y abierto permanentemente. Les dijimos que Panamá se podía obligar a mantenerse el canal neutral permanentemente, porque ese era su deseo, pero que no podía comprometerse a mantener el canal permanentemente abierto por varios motivos, entre ellos que hubiera algún derrumbe o que no fuera rentable, que Panamá no podía obligarse a mantener un canal abierto si no le producía dinero. Así que como ellos no aceptaron que se dijera que Panamá podía cerrar el canal por falta de rentabilidad y Panamá no podía aceptar que estaba obligada a mantener el canal abierto de todas maneras, se llegó a la conclusión de eliminar el artículo, y Panamá se libró así de esa obligación. Cuando dicen que el pacto de neutralidad le da a los Estados Unidos derecho de intervención en Panamá los que señalan eso será que lo leyeron en un periódico de Miami Así que lo que se acordó fue que Panamá declarara el canal neutral para que transiten todos los barcos de cualquier bandera. Esa declaración se hace conjuntamente con los Estados Unidos, ya que Estados Unidos se debía encargar, durante veintitrés años de manejar el canal, pero la declaración está abierta a la adhesión d e cualquier estado del mundo.

Rómulo Escobar Bethancourt señaló, igualmente, lo siguiente: “Las críticas que se le hacen al tratado de neutralidad algunas de las cuales ustedes han oído o leído, por una serie de personas que les gusta hilar bien delgado, es que nosotros le estamos dando a los Estados Unidos de América un derecho de intervención en nuestro país después del año dos mil. Esas personas creen que los derechos de intervención se dan. A las grandes potencias, nadie les da derechos de intervención, ellas intervienen donde les sale de los forros, con pactos o sin pactos. Pero aquí hay gentes que creen que son los artículos de un código los que le dicen a un país si tiene derecho o no de intervenir, y no saben que son las bayonetas, los cañones y las bombas atómicas lo que le dan a un país fuerza para intervenir. De manera que con el pacto de neutralidad, nosotros no le estamos dando a los Estados Unidos ningún derecho de intervención, lo que le estamos dando es una seguridad de que el canal va a estar permanentemente neutral, que nosotros no vamos a cerrar el canal, para que no pase el barco de ellos, o no pase el barco de este, no pase el barco de otro. Por qué ese pacto de neutralidad? Porque ellos piensan que este país para el año 2000 se vuelve socialista. Y se pone enemigo de nosotros, y nos va a asegurar desde ahora aunque sea socialista, que no nos puede cerrar el paso. Y para hablarles con más franqueza, ellos ese pacto de neutralidad no lo necesitan para intervenir o no, lo necesitan para presentárselo a su congreso. Para decirle a su congreso, mire, nosotros le estamos entregando el canal a esos panameños, pero siempre tenemos derecho de vigilar para se porten bien. Esta es la verdad.

Aclarado este segundo mito, nos quedan algunos más, pero no creo que haya tiempo de agotarlos hoy, así que podremos seguir en otro día. Uno de esos mitos es que, al promover y liderizar nuevas reglas de juego político en Panamá, permitiendo la participación democrática de todos los partidos, el General Omar Torrijos lo que estaba haciendo no era un acto de sinceridad en cuanto al sistema, sino cumpliendo una especie de compromiso indeclinable con el Presidente Carter, en el sentido de que si no se abrían canales democráticos en Panamá, no habría nuevos tratados. Yo he tratado de establecer este extremo y no puedo llegar a esa conclusión. Reitero el pronunciamiento del Presidente Carter, refiriéndose a Omar Torrijos: “me sentí muy cercano a él de muchas maneras, aun fuera de las negociaciones sobre el canal. El y yo consultamos tratando de lograr la paz y la estabilidad en Centroamérica, al mismo tiempo para asegurar la tranquilidad, la democracia y los derechos humanos. El fue siempre confiado, sincero y franco ala darme sus consejos y fue como un hermano de muchas maneras. Siempre lo recordaré con gran admiración, aprecio y amistad.”

Por esa gran relación de amistad es que no tienen cabida los condicionamientos que se han expresado y que han quedado como parte de una especie de “doctrina histórica” en Panamá. Claro que Carter tenía la preocupación de que los países acogieran en su seno un régimen político que permitiera el pleno ejercicio de los derechos constitucionales, tal como él los entendía. Pero, al mismo tiempo, también es cierto que Omar Torrijos se venía planteando las mismas interrogantes desde mucho antes de la concertación de los tratados. Lo que ocurrió fue que le dio prioridad a la solución de la cuestión de la soberanía, mantuvo el criterio de que sin un grado considerable de unidad interna no era posible obtener los resultados que se lograron y que la cuestión política nacional sobre el sistema prevaleciente tenía que venir después. No hubo ningún cambalache entre los tratados y la apertura del proceso hacia formas tradicionales del poder. La circunstancia de que esas medidas, como el repliegue, por ejemplo, vinieron después de los tratados, ha hecho creer a algunos o a muchos, que Omar Torrijos no tenía ninguna vocación por flexibilizar el régimen y que solamente la presión de Carter hizo posible el cambio. Este criterio desconoce por completo dos cosas: la primera es que Omar Torrijos tenía una gran capacidad para captar el rumbo de los acontecimientos y para tomar el pulso de las tendencias del pueblo panameño. El sabías que una vez lograda la conquista superior, los problemas internos iban a adquirir mayor dimensión y que el sostenimiento de las mismas estructuras de poder estaba llegando a un punto de agotamiento. A él nadie tenías que decírselo. El lo sabía, lo intuía, estaba en el centro de todas las turbulencias sociales y era la persona más y mejor informada del país. Por otra parte, si el problema se hubiera planteado en términos de condicionamientos políticos internos, la propia personalidad de Torrijos hubieras rechazado cualquier presión en ese sentido. Sencillamente, llegó el momento en que Omar Torrijos, por sí mismo, llegó al íntimo convencimiento de que las formas estructurales del proceso, tal como se habían aplicado durante diez años, tenían que cambiar. El Presidente Carter lo confirma cuando señaló al periodista español Zoilo Martínez de la Vega: “la mañana después que le entregué a Torrijos los documentos del tratado del canal, él y yo tuvimos un largo desayuno juntos. El me contó de sus planes para Panamá, sobre elecciones libres, más independencia para el Presidente y más ingerencia del pueblo panameño en todos los asuntos políticos del país. Creo que él se movía lo más rápido posible hacia la forma más pura de democracia para Panamá”.

…………

    El otro mito es que Panamá no podía, por la debilidad y la pequeñez de su sociedad y de su economía, manejar adecuadamente el canal. Los hechos, desde luego, han demostrado lo contrario. Panamá ha demostrado eficiencia y seriedad profesional y avanza hacia la ampliación, a fin de aumentar la capacidad del canal y producir más beneficios a la navegación mundial y, en consecuencia, al país. El acto del lunes fue importante, espectacular e impresionante y marcó un hito en la historia nacional.

    Todo eso tiene su antecedente. Viene del Tratado Torrijos Carter, que demostraron que, con diálogo y buena fe, se pueden resolver los conflictos, por muy difíciles que sean. Estados Unidos y Panamá demostraron madurez para enfrentar el problema, sinceridad a la hora de estudiarlo conjuntamente y disposición de llegar a soluciones pragmáticas y de largo plazo. Cada país entendió las dificultades y las necesidades del otro, sin zancadillas ni cartas bajo la mesa. Los negociadores de ambas partes trabajamos con respeto y de allí surgieron amistades que han durado hasta hoy. Hace treinta años, asistíamos a la firma del tratado en Washington y, al día siguiente, una multitud impresionante se reunía en la Plaza 5 de mayo para reiterar su vocación patriótica. El ambiente nacional era entusiasta y festivo:

    Diario El Matutino (miércoles 7 de sept. 1977)

    Exposición del Dr. Eligio Salas –rector de la Universidad de Panamá- en la reunión de Expertos de la UNESCO. El tema sería sobre la Discriminación Racial. Hora: 8:00 a.m. Hotel Holiday Inn.

    Aniversario No.155 del aniversario de independencia de Brasil.

    Anuncio del cierre de inscripciones para Concurso Polifónico a realizarse el 25 de septiembre en el Teatro Nacional. Abierto a todos los coros mixtos nacionales entre 18 y 30 voces.

    Anuncio “Carnaval en el Hielo” revista con un costo aproximado de montaje de 1 millón de dólares. 75 patinadores a presentarse en el Gimnasio Nuevo Panamá. Evento organizado por el Gobierno Revolucionario, el INDE y la Cervecería Nacional.

    Campeonato Centroamericano y del Caribe de Baloncesto en el Gimnasio Nuevo Panamá. Esa noche, a las 8:00 p.m. se enfrentarían Panamá-México (femenino) y Panamá-El Salvador (masculino). La noche anterior Puerto Rico le ganó a Panamá (masculino) por 88 a 86.

    Se elige a Isidro Rodríguez como árbitro de la Pelela en Filadelfia de Roberto Durán y Servio Tulio Lay.

    Hotel Bellavista ofrece sus cómodas habitaciones con aire acondicionado y baño privado desde 8 dólares.

      Cedulación masiva en Darién y Coclé.

      Los anuncios del cine: Vaya hoy al cine, está mejor que nunca!
      Teatro Bellavista: “El Samurai Negro” con Jim Kelly
      Cinema Arte: “Las Primitas” cine italiano, para mayores de 18
      Autocine No. Uno: “Siete hombres al amanecer”

    La Crítica (7 de sept. 1977)

    Amín –Nairobi- ordena la ejecución en público de 12 altos funcionarios y hombres de negocios por haber “conspirado para derrocar a su gobierno”.

    La Dra. Aura Guerra de Villalaz presentó su obra “Derecho Penal Panameño” en colaboración con el profesor Campo Elías Muñoz.

    El Director del INAC, profesor Jaime Ingram recibe copia del libro “Panamá”, edición que recoge con amplio material fotográfico diversas facetas de la vida de Panamá.

    Anuncio de la presentación del artista panameño Miguel Moreno, recital bajo el nombre “De Cara a los Cielos”, acerca de la soberanía, la paz y hermandad de los pueblos.

    Galleros de todo el país participarán en el gran encuentro “Desafíos Soberanía” en el Club Gallístico de Panamá, el viernes 9 de sept. A partir de las 6:00 p.m.

    Resolverán protestas de la Liga Gubernamental de Baloncesto.

    Baile gratis que ofrecerá Súper Jardín El Soberano, viernes 9 de sept. con motivo de la celebración de la firma de los Tratados, con los combos: COFRADÍA, MOZAMBIQUES, PACIFIC COMBO Y LOS EXCELENTES.

    La Estrella de Panamá (7 de sept. 1977)

    Día del Relacionista Público, celebración en el salón Alta Vista del Hotel El Panamá.

      Nuevos itinerarios de Copa:
      Vuelos internacionales  Centroamérica 10:30 a.m. (diarios)
                         Barranquilla 3:00 p.m. (w,v,d)

      Vuelos nacionales David 7:00 a.m. y 4:00 p.m. (diarios)

    Rey de España en gira por América, difundiendo imagen de España como nación democrática.

    Voy a terminar como siempre: recordando a los que no están, los que no pudieron acompañarnos al acto del lunes en Paraíso. No están físicamente, pero los recordamos: Edwin Fábrega, Arnoldo Cano, Diógenes de la Rosa, Gabriel Lewis Galindo, Rómulo Escobar Betancourt y Omar Torrijos.

    ---- Ellos nos siguen inspirando, en la lucha contra la pobreza y por el desarrollo.

Muchas gracias.